Ideas para el debate

LA POLÍTICA

La política sólo es digna como vocación de servicio al bien común. El sujeto de la política ha de ser siempre el ser humano y el fin, el bien común. La política ha de estar abierta a todos los españoles sin diferencia de raza, sexo, religión o estado y, todos tienen la obligación de estar dispuestos a participar y servir por el bien de la nación.

Reclamamos una urgente regeneración ética y moral de la vida pública y para ello abogamos por abrir cauces a la participación política de la sociedad civil a través de una democracia auténticamente participativa, en la que cada español, en igualdad de condiciones sea el protagonista activo en la toma de decisiones.

Todo órgano de representación ha de ser democrático en su constitución y funcionamiento interno.

La representación política no ha de estar en exclusiva en manos de los partidos políticos, ha de estar abierta a otras formas que la sociedad vaya generando: asociaciones, agrupaciones, plataformas, etc.

Creemos en la efectiva separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, para asegurar su independencia de ejercicio desde una expectativa de separación real, de plena libertad y de una forma diferente de configurar y componer los poderes, ajena al amiguismo, a una falsa lealtad y a intereses de partido.

Frente al materialismo actual abogamos por la supremacía del espíritu.

EL BIEN COMÚN

El bien común abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección.

Todos los individuos y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración personal al bien común. De donde se sigue la conclusión fundamental de que todos ellos han de acomodar sus intereses a las necesidades de los demás.

El bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo poder público.

La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien común. De donde se deduce claramente que todo gobernante debe buscarlo, respetando la naturaleza del propio bien común y ajustando al mismo tiempo sus normas jurídicas a la situación real de las circunstancias.

Por eso, los gobernantes que no reconozcan los derechos del hombre o los violen faltan a su propio deber y carecen, además, de toda obligatoriedad las disposiciones que dicten.

LA PERSONA

La persona constituye para nosotros el centro, el eje, que se configura así, en humanismo. Frente a la consideración individualista del liberalismo y el colectivismo marxista, nosotros propugnamos la postura personalista, es decir, el hombre y la mujer en relación con los demás hombres y mujeres, armonizando así su esfera individual y social.

La persona, es decir, un ser en sociedad, es el fundamento del sistema. Sujeto de un destino particular y trascendente, y responsable de una tarea de servicio a la comunidad. Es, pues, protagonista y destinatario del bien común, recibe la influencia de la sociedad e influye en ella, lo condicionan la naturaleza y las circunstancias y, a su vez, él mismo las modifica, recibe de los demás y da a los demás. Es, por tanto, intolerable toda absorción y pretensión anuladora o degradante de la personalidad individual; toda corrupción contraria a su dignidad y toda deshonestidad egoísta frente a la comunidad. Todo sistema social habrá de ordenarse hacia la elevación de la persona en bienestar y en bien ser.

La persona humana, que es única e irrepetible, debe de ser el fundamento, causa y fin del orden social, político y económico.

Todas las personas son libres, íntegras y dignas, valores que alcanzan su plenitud en comunidad y que deben ser defendidos y respetados.

Todo ser humano, con vocación de trascendencia y abierto a la trascendencia, es ante todo una persona, es decir un ser dotado de inteligencia y libertad y por esta misma razón, tiene derechos y deberes que al ser universales e inviolables, son absolutamente inalienables.

Todos los seres humanos tienen derecho a la existencia, a la integridad física y a los medios que necesita un individuo para alcanzar un nivel de vida digno que le permita su desarrollo integral como persona y ciudadano, servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado.

Defendemos la libertad que tiene toda persona a elegir su propio estado: formar una familia con paridad de derechos y de deberes entre hombres y mujeres. La familia es el núcleo primario y natural de la sociedad. De lo cual nace el deber del Estado de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misión.

Creemos y sostenemos la primacía del derecho de los padres a la educación de sus hijos.

Todo ser humano tiene el derecho natural a ser respetado como persona, a la buena reputación, a la libertad para buscar la verdad, para defender sus ideas, para cultivar cualquier arte y para estar informado de todo lo que sucede, siempre dentro de los límites del bien común. El ser humano tiene derecho a la enseñanza y a desarrollarse profesionalmente, ocupando cada vez puestos de mayor jerarquía de acuerdo a los méritos alcanzados, a sus aptitudes y capacidades, las cuales deberán ser reconocidas.

Toda persona tiene derecho a honrar a su Dios, según lo dicte su recta conciencia y profesar su religión tanto pública como privadamente.

Ambicionamos que todos los ciudadanos tengan acceso a los servicios básicos de Sanidad, Justicia y Enseñanza de calidad, hasta su más alta escala, sin que sean lastre los medios de que cada cual disponga, homologada por el Estado, sin merma de la iniciativa privada en dispensar dichos servicios.

La sanidad, la justicia, la enseñanza, y demás servicios básicos, nunca pueden ser un negocio y deben estar asegurados por el Estado.

De la intrínseca sociabilidad de los seres humanos, se desprende el derecho de reunión y asociación. Derecho a la libertad para crear dentro de estas asociaciones, la estructura que se juzgue conveniente para alcanzar los objetivos deseados, con responsabilidad y libre movilidad dentro de ellas.

Toda persona tiene derecho a la libertad de movimiento y residencia dentro de la comunidad política nacional de la que es ciudadano y también tiene derecho a emigrar y a establecerse en otras comunidades políticas cuando sea necesario, cumpliendo las leyes que lo regulen.

Los derechos políticos provienen de la dignidad de la persona. Uno de ellos consiste en tomar parte activa en la vida pública y contribuir a la consecución del bien común.

El derecho fundamental de la persona humana es también la defensa jurídica de sus propios derechos, defensa eficaz, imparcial y regida por los principios objetivos de la justicia.

LO SOCIAL

La economía ha de estar al servicio del ser humano para cumplir la doble finalidad de proyección de la persona sobre las cosas y la necesaria función social de contribución a crear riqueza y a su equitativa distribución.

De la dignidad de la persona humana nace también el derecho al trabajo. La persona tiene derecho natural a que se le facilite la posibilidad de trabajar y a la libre iniciativa en el desempeño del trabajo.

El trabajo es una función irrenunciable de la persona y todas tienen derecho a uno que les permita vivir dignamente. Asimismo, todas las personas tienen la responsabilidad social de efectuar alguna tarea. Los derechos tienen que estar acompañados de las obligaciones.

Afirmamos la prioridad del trabajo sobre el capital. Queremos que se reconozcan el talento, el esfuerzo y el mérito. Defendemos el acercamiento de la propiedad y de la gestión de los medios de producción a los trabajadores.

Promulgamos la redistribución de la riqueza para que no haya ciudadanos de diferentes categorías, en función del mérito y los logros partiendo siempre de la igualdad de trato y de oportunidades en alcanzar objetivos.

También surge de la naturaleza humana el derecho a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producción, derecho que constituye un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misión en todos los campos de la actividad económica, y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidación para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en la Nación.

El derecho de propiedad privada entraña una función social: toda propiedad privada nace con una hipoteca social.

No basta, por ejemplo, reconocer al hombre el derecho a las cosas necesarias para la vida si no se procura, en la medida posible, que la persona posea con suficiente abundancia cuanto toca a su sustento.

A esto se añade que la sociedad, además de tener un orden jurídico, ha de proporcionar muchas utilidades. Lo cual exige que todos reconozcan y cumplan mutuamente sus derechos y deberes e intervengan unidos en las múltiples empresas que la civilización actual permita, aconseje o reclame.

La creación entera ha sido puesta, no sólo para disfrute de todos, sino para que todo se ordene al bien común. Y es de todos obligación buscar un modo de vida que permita un progreso sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

El consumo alocado está produciendo un deterioro constante y acelerado del planeta. El cambio climático, la abusiva utilización de naturales, la contaminación, etc., son no sólo preocupantes sino graves de la capacidad destructiva de nuestro actual modo de vida.

LO NACIONAL

Las patrias son, más que divisiones geográficas o raciales. Son entidades históricas a quienes el destino, asignó, misiones que cumplir en la historia universal, y el cumplimiento de esa misión, es lo que determina y justifica la existencia y persistencia de la patria, el ascenso de un pueblo en nación.

La patria es la armonía entre lo general y lo individual, entre lo particular y lo común, es el camino indiscutible para que el hombre impere en los destinos históricos de su pueblo, es una acción, una realidad de futuro trascendente.

España es una unidad total, una síntesis transcendente e indivisible, en la que se integran los españoles con un mismo quehacer colectivo que cumplir.

España es una unidad soberana integradora de pueblos y tierras, con un rico y variado patrimonio material y espiritual común, con una tarea solidaria de elevación total y con un mismo quehacer colectivo en el mundo.

Negamos los centralismos políticos por lo que demandamos un paso más: la descentralización efectiva y real de las comunidades autónomas en los Municipios que acerque las respuestas a los problemas de los afectados. Los Municipio han de ser la base de una política más democrática y libre.

España es una unidad dinámica integradora de pueblos en un atractivo quehacer común.

La política internacional de España habrá de influir en el ámbito europeo, para imprimirle las inquietudes de una renovación superadora de su degradación; así mismo tratará de compartir las ventajas del progreso material obtenidas en los países del resto del continente. España tiene que estar presente  en la vida y el quehacer de la América Hispana. España puede y debe ejercer un papel en el mundo moderno como enlace decisivo entre la vieja Europa y la joven América. La liberación de los pueblos oprimidos, su justicia y elevación deberá ser atendida por nuestro pueblo, por exigencia de la solidaridad humana.

Esta concepción amplia del patriotismo está sustentada en el interior por la diversidad regional y comarcal española, a la que debe darse todo valor. Unidad no equivale a centralismo, y España es varia y plural, pero no uniforme.

España es diversa. Nosotros creemos en su unidad. Potenciaremos las regiones, apoyando toda clase de patrimonio cultural que conforma y enriquece  la plural realidad de nuestra nación.

La unidad nacional, como quehacer común, la nación como legado histórico que hemos recibido de nuestros ancestros y que tenemos la obligación de guardar, acrecentar y transmitir a nuestros sucesores, pero nunca tenemos derecho alguno de deshacer, vender o enajenar. España no es propiedad de ninguna generación.

España no sólo es un legado y un quehacer histórico, también debe ser un estimulante proyecto en permanente construcción y mejora. Se trata de encontrar, en cada momento, una misión que nos implique a todos los españoles, tanto en el plano nacional como hacia el conjunto de las naciones.

Por todo lo expuesto, consideramos:

1.- La globalización impone el desarraigo, la precarización y la explotación en favor de la plutocracia financiera que demanda la neutralización de las naciones y la hegemonía de lo económico sobre lo político.  Entendemos que la nación es el espacio de la solidaridad y de la resistencia frente a la rapacidad del ultracapitalismo financiero, por lo que abogamos para que España recupere su soberanía, basada en la unidad, la independencia y la identidad histórica.

2.- Creemos en los valores del trabajo, del que emanan los derechos sociales protegidos por el bien común. Como algo específicamente humano el trabajo es superior al capital, que es un instrumento. Requerimos nuevos modos de producción y distribución de la riqueza nacional, basados en el crédito nacional público. Trabajadores empleados, trabajadores autónomos y pequeños empresarios comparten el empobrecimiento y la explotación a manos de la oligarquía financiera transnacional que usa la deslocalización y la importación de mano de obra esclava atendiendo a su propio beneficio. Esa clase dominante es cosmopolita, apátrida y enemiga del trabajo, de los derechos laborales, de la nación, de la familia y de la moral. Busca destruir la mano de obra local y sus derechos adquiridos.

3.- La familia es la célula básica y el freno a la atomización individualista de la sociedad que pretenden los ultracapitalistas y la izquierda postestructuralista que abandona la lucha horizontal por una heterogeneidad de conflictos nodales emanados de Mayo del 68.

La familia es el referente del arraigo. Su vertebración en lugar de convivencia permite la libertad, la educación, el cariño y amortigua la precariedad laboral actual de sus miembros, frente a la hegemonía del capitalismo financiero que busca destruir la familia y multiplicar los hogares monoparentales. La buena salud, física y ética, de la familia es imprescindible para la nación. El encuentro en comunidad de las familias, la cercanía física y de costumbres, gesta el municipio, la primera entidad política del Estado nacional.


4.- El respeto a otras culturas no supone la eliminación de la propia. Nuestra civilización es el resultado del esforzado y laborioso devenir de muchas generaciones en un asentamiento geográfico determinado a lo largo de la Historia. Una de nuestras mayores herencias culturales es la lengua española por lo que priorizamos los encuentros y proyectos con los hispanohablantes de todo el mundo. El inglés es el idioma del capitalismo y hoy es, también, un instrumento de invasión cultural.

5.- Es necesario renegociar nuestra presencia en la Unión Europea evitando que siga siendo pasto de la desregulación y de la pérdida de soberanía en favor de entidades técnicas que no son elegidas por nosotros, los europeos.

El desarrollo de nuestra política tendrá en cuenta la inserción de España en Europa, la cercanía del Norte de África y, de forma protagónica, la comunidad espiritual con los pueblos iberoamericanos de la Península y de la otra orilla del Atlántico.

6.- Las áreas estratégicas de la economía española no pueden estar en manos de multinacionales y corporaciones cuya avaricia impide al Estado atender los intereses nacionales, garantizar los derechos de sus habitantes y planificar el desarrollo nacional. Es mejor que el precio de la energía se discuta en un consejo de ministros que en uno de administración.